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Panel 1

Cadáveres en el armario

Hillary Clinton ha llegado a la cima de su ambición política en medio de un baño de sangre

La temeraria, cruel y despiadada Hillary Clinton se presenta, ante la opinión pública y los votantes estadounidenses, como una dulce ama de casa norteamericana dispuesta a defender los derechos de los homosexuales, las minorías y las mujeres, contra la terrible extrema derecha representada por el malvado Donald Trump. Atrás quedó  su responsabilidad por la guerra de Libia. Nadie recuerda ya su risa delirante celebrando la muerte de Gaddafi, ni las mujeres violadas y el genocidio de la población negra a manos de “sus rebeldes”, en Bengasi, Misrata o Sirte.

El pueblo norteamericano y el mundo entero observa, sentado en el sofá de su casa, el nuevo teatro televisivo, la farsa de una mala defensora de los derechos  civiles. Hillary es otro producto más del establishment y la oligarquía petrolera. Durante siglos, gran parte de la gloriosa clase dirigente de Washington, como un destino manifiesto, vendió alcohol y armas a las tribus indias que poblaban su territorio, para que se envenenaran y se matasen, y hoy muchos de ellos siguen traficando con armas en Iraq y Siria, y con drogas en Afganistán y Colombia, y su negocio es tan legal y opaco como en el pasado lo fue la esclavitud, que recolectaba algodón en Alabama.

La princesa de Barthory se bañaba, desnuda, con la sangre de sus criadas para conservar la eterna juventud. La brillante ejecutiva Hillary Clinton ha llegado a la cima de su ambición política, en medio de un baño de sangre que espanta a los que lo han sufrido y lo han visto.

A la presunta defensora de las mujeres no le importan las chicas viudas, mutiladas o violadas de Siria o Irak. A la presunta defensora de las minorías no le escandaliza que los insurgentes decapiten a un adolescente palestino. A la tierna madre Hillary no parece que le lleguen a sus oídos los gritos de los niños que son usados como bombas humanas o convertidos en soldados por una parte de lo que ella considera la “oposición moderada Siria”, porque no son DAESH, son ‘nuestros hijos de puta’.

Donald Trump es el monstruo, la bestia destructora, y Hillary es la bella y  tierna esposa que perdonó una infidelidad a su marido y ahora trae la paz al mundo. No se atreverán a darle el Premio Nobel de la Paz, como a Barack Obama, pero quizás le den la presidencia de la Casa Blanca como premio, por los buenos servicios prestados en Oriente Medio, en un lustro donde el precio del petróleo ha caído por los suelos arruinando a Venezuela, y ha arrastrado a Rusia e Irán a la guerra de Siria. Buenos tiempos para la industria militar norteamericana y las empresas contratistas, que antaño se llamaban mercenarias. Buenos tiempos para Hillary. La buena e inteligente Hillary.

Quien sabe si algún día, la buena de tía Hillary nos invitará a tomar una taza de té en el despacho oval, y nos cuente qué sentía cuando los aviones de la OTAN bombardeaban Trípoli, o su paseo triunfal por Libia, como una amazona conquistadora, rodeada de yihadistas barbudos, con gafas oscuras y miradas taimadas. Tipos peligrosos de esos a los que se relaciona con Al Qaeda y que, más que musulmanes, parecen delincuentes.

Casi todos los potentados de la tierra tienen el armario repleto de cadáveres que por la noche vienen a visitar sus sueños. Algunos poderosos tienen conciencia, otros son psicópatas y no los pueden ver. Seguramente la buena de tía Hillary les hablará de Arkansas, de sus reuniones secretas, de los correos que le robó Assange y de lo maravilloso que era ser como Hulagu Kan en Bagdad y Damasco.

Venid, muertos de Siria y Libia, y votad a la buena de tía Hillary, aunque no tengáis manos, ni rostro, aunque os enterraran vivos o una bomba os desintegrase. Venid desde vuestras fosas comunes o desde el fondo del mar, para que la buena de tía Hillary sea la mujer mas, importante del mundo, y se pueda codear con la Reina de Inglaterra. El lobby del petróleo y de las armas de destrucción masiva os lo agradecerá.

No existe un rostro más hermoso que el de Hillary sonriendo como una muchacha en un orgasmo, mientras el mundo tiembla a su paso. Qué importan un millón de muertos para alcanzar la gloria y la efímera memoria de la humanidad. Qué hermosa es tia Hillary y qué bellos son sus cadáveres en estado de putrefacción con los vientres hinchados y los miembros desechos y sus calaveras relucientes en el armario de la buena de Hillary.

El petróleo sale más barato en un estado fallido y saqueado. Destruyamos Libia y Siria. Los paraísos fiscales, servirán para pagar el petróleo en el mercado negro. Vivan las Islas Caimán. Si no hay petróleo, sembraremos amapolas. Qué bello es Afganistán en primavera. Siempre podremos vender armas, y ser más ricos. Me gusta Qatar y Arabia Saudí. Los Talibanes, son luchadores por la libertad. Todas las mujeres con burka, menos tia Hillary, que es feminista. Olvidaros de Assange, si dice que tiene correos que demuestran que Hillary armó al  DAESH. En lugar de apoyar la democracia contra los regímenes autoritarios, apoyaremos a fanáticos envenados por el wahabismo salafista y los petrodólares. La vida es solo un instante cruel para los quemados por el fósforo blanco o los decapitados. Ya sabemos que Donald Trump es un xenófobo populista y que Hillary es la chica de los recados.

La esperanza solo habita en tu corazón, siempre que un rebelde moderado no te lo arranque para comérselo y grabarlo para subirlo a Youtube. Es la nueva era de los zombis y los muertos en el armario.

 

Panel 2

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